Capítulo I · de cuatro
Te veo, me miras
Uno de los aspectos más extraordinarios de la fotografía es su capacidad para crear vínculos entre seres humanos.
Sobre este capítulo
Uno de los aspectos más extraordinarios de la fotografía es su capacidad para crear vínculos entre seres humanos. Estos encuentros, que a veces cristalizan en un buen retrato, exigen casi siempre una relación previa. Una mirada a cámara puede ser circunstancial, pero la naturalidad de la persona retratada suele nacer del tiempo y la confianza.
Algunas creencias afirman que el fotógrafo se lleva el alma de las personas. En realidad, los buenos retratos revelan algo de quien está delante del objetivo, pero también de quien observa y pulsa el disparador. En la imagen definitiva, fotógrafo y fotografiado muestran parte de su personalidad.
Existen muchos métodos para captar la atención de quien posa ante una lente, pero el más efectivo consiste en ponerse en su piel. Para el retratado no hay nada más incómodo que sentirse observado. Por eso, antes de pulsar el disparador, el fotógrafo ya debería haber hecho el verdadero trabajo: practicar la empatía, comunicarse y dedicar tiempo a conocer al otro.
Solo entonces puede surgir una mirada capaz de ir más allá del aspecto físico, de las poses convencionales y del frío y distante ojo de cristal.
Seis fotografías del capítulo, dos de cada autor






